Saltar al contenido principal
10% de descuento automático en tu primera compra Selección curada de libros Pago seguro y atención por WhatsApp
El Bibliotecólogo
DISPONIBLE

El crepúsculo del mundo

Ficha editorial verificada
$65.000
Vendido por HIPERTEXTO Entrega estimada de 1 a 4 días. Tiempo máximo: 4 días.

Una de las historias más fascinantes de todos los tiempos, contada por el mejor narrador de todos los tiempos.La primera novela de Herzog, nuestro mayor genio vivo. El pensador más intrépido, divertido y profundo de los últimos tiempos.La increíble historia de...

Comprar por WhatsApp
Selección curadaLibros reales conectados al inventario.
Compra asistidaAtención personalizada por WhatsApp.
Pago seguroTransacciones protegidas y confiables.
Por qué te puede interesar

Una de las historias más fascinantes de todos los tiempos, contada por el mejor narrador de todos los tiempos.La primera novela de Herzog, nuestro mayor genio vivo. El pensador más intrépido...

Ideal para

Lectores que buscan Narrativa romántica.

Lo que destaca

Ficha clara, disponibilidad real y datos bibliográficos en un solo lugar.

Una de las historias más fascinantes de todos los tiempos, contada por el mejor narrador de todos los tiempos.La primera novela de Herzog, nuestro mayor genio vivo. El pensador más intrépido, divertido y profundo de los últimos tiempos.La increíble historia del soldado japonés que jamás se rindió (porque no sabía que la Segunda Guerra Mundial había acabado). Todas y cada una de las historias de Herzog las podría contar cualquiera en un bar, frente a una chimenea, en una sala académica, y atraparían la atención del público. Pero el caso es que, cuando las narra Herzog, se convierten en únicas y mágicas y nos hablan del alma del ser humano. De quiénes somos en realidad.—Señor Herzog —me dijo—. El emperador quiere invitarlo a una audiencia privada. A menos que no pueda permitirse distracciones antes del estreno, claro. —¡Cielo santo! —respondí—. No tengo ni idea de cómo hablarle al emperador. La conversación acabaría siendo un intercambio insustancial de fórmulas de cortesía.Sentí la mano de mi esposa Lena sobre la mía, pero ya era demasiado tarde. Había rehusado la invitación. Fue un paso en falso, tan estúpido y descomunal que todavía hoy me avergüenza. Todos los que estaban sentados a la mesa se quedaron petrificados. Nadie parecía respirar. Todas las miradas cayeron al suelo, se apartaron de mí, y un largo silencio congeló el ambiente. Pensé que, en ese instante, todo Japón contenía el aliento. Una voz rompió el silencio:—¿A quién le gustaría conocer en Japón, entonces?Sin pensarlo, dije:—A Onoda.¿Onoda? ¿Onoda?—Sí —dije—, a Hiroo Onoda.Una semana más tarde, lo conocí.