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Hay cosas que se rompen y que podemos reparar. Y hay cosas que siempre han estado rotas, cosas que asumimos como irreparables y con las que aprendemos a convivir. Este relato es una distopía futurista. Un relato que narra un futuro donde la humanidad vive en u...

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Por qué te puede interesar

Hay cosas que se rompen y que podemos reparar. Y hay cosas que siempre han estado rotas, cosas que asumimos como irreparables y con las que aprendemos a convivir. Este relato es una distopía...

Ideal para

Lectores que buscan Ficción especulativa.

Lo que destaca

Ficha clara, disponibilidad real y datos bibliográficos en un solo lugar.

Hay cosas que se rompen y que podemos reparar. Y hay cosas que siempre han estado rotas, cosas que asumimos como irreparables y con las que aprendemos a convivir. Este relato es una distopía futurista. Un relato que narra un futuro donde la humanidad vive en una realidad carente de todo eso que no nos es ajeno y que comprende las cosas humanas en toda su dimensión mundana. El dinero y un autoritarismo omnipotente y omnipresente han convertido a gran parte de la humanidad en productos sumisos, cuyo valor se reduce a un mero valor especulativo. Los oligarcas han creado un sistema de necesidad permanente por medio de tecnologías invasivas, donde la dependencia es total. Un mundo que ha evolucionado hacia la completa deshumanización, dejando en el olvido todas esas cosas que una vez conocimos. Cosas que creíamos eternas. Pero en este relato todavía subyace, en las profundidades, ese mundo perdido que apenas algunos recuerdan. Ese mundo donde el olor a tierra húmeda, al mar salado y el aroma de los valles floridos eran una realidad conocida. Antes de perdernos en otra realidad, esa irreparable con la que, como ocurre con todo lo roto, aprendemos a convivir. Una realidad donde el valor humano puede cuantificarse, todo riesgo gestionarse y todo deseo satisfacerse mediante el pago correspondiente. Algo que nos deja huérfanos de humanidad, haciendo que la experiencia no sea más que una ficción creada por una tecnología en manos de ese poder omnipresente. Algo que irremediablemente nos induce a olvidar un mundo que, por momentos, se nos escapa de la memoria.