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El Bibliotecólogo
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Generación Marketing. La sociedad entre la codicia y la indolencia

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El impacto del Marketing en el mundo es más que evidente. Es sobresaliente. Sus logros son incuestionables. Pueden no gustarnos, pero lo cierto es que son de un alcance aún no igualado por ninguna otra función empresarial. Utiliza motores de la conducta tan po...

Editorial: Elibros Año: 2006
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Ideal para

Lectores que buscan Ventas y marketing.

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El impacto del Marketing en el mundo es más que evidente. Es sobresaliente. Sus logros son incuestionables. Pueden no gustarnos, pero lo cierto es que son de un alcance aún no igualado por ninguna otra función empresarial. Utiliza motores de la conducta tan potentes como el sexo, la muerte o la hacienda. Recurre a imágenes de la familia, del amor, de los seres queridos. Sus mensajes evocan incluso induce pecados como la lujuria, la lascivia, la envidia, la vanidad o el orgullo. Constantemente apela a las ilusiones, a los sueños, al sentido de pertenencia, al valor de las relaciones sociales. En definitiva, el Marketing y la publicidad en particular parece no encontrar límites a la hora de proponerles a los consumidores que compren.El Marketing está contribuyendo a la creación de una sociedad acomodaticia y remolona que encuentra en el súpermercado todo tipo de solución a sus demandas. Lo paradójico es que, para dar respuesta a tales demandas cada vez más exigentes, tanto en prontitud, como en excelencia y originalidad las empresas necesitan de uno profesionales fuertemente comprometidos, brillantes y abnegados, que estén dispuestos a entregar a sus compañías lo mejor de sí mismos, y satisfacer así sus pretensiones de éxito profesional.Dichos profesionales han de salir de esta misma sociedad cuyos sistemas educativos aumentan en laxitud, donde el clima general abomina del esfuerzo, y en la que las ideas de disciplina, entrega, tesón y empeño parecen haberse borrado del léxico académico y familiar. En otras palabras, las generaciones que crecen al abrigo de los productos y servicios que el Marketing expande, son una paradoja en sí mismas. Tendrán que responder a las exigencias que ellas mismas plantean sin al menos en principio estar siendo preparada para ello, dados los propios efectos desencadenados por un consumo desenfrenado.Desde edades tempranas, los niños están sometidos a la influencia de estímulos para consumir que ganan agudeza, originalidad y eficacia hasta alcanzar límites que comprometen la moralidad. Ante la televisión no hay que pensar, no hay que actuar, no exige nada y, sin embargo, divierte, entretiene e informa al tiempo que nos hace llegar a un mismo mensaje expresado de mil maneras distintas: consume y sé feliz.El Marketing está contribuyendo a la creación de una sociedad acomodaticia y remolona que encuentra en el súpermercado todo tipo de solución a sus demandas. Lo paradójico es que, para dar respuesta a tales demandas cada vez más exigentes, tanto en prontitud, como en excelencia y originalidad las empresas necesitan de uno profesionales fuertemente comprometidos, brillantes y abnegados, que estén dispuestos a entregar a sus compañías lo mejor de sí mismos, y satisfacer así sus pretensiones de éxito profesional.Dichos profesionales han de salir de esta misma sociedad cuyos sistemas educativos aumentan en laxitud, donde el clima general abomina del esfuerzo, y en la que las ideas de disciplina, entrega, tesón y empeño parecen haberse borrado del léxico académico y familiar. En otras palabras, las generaciones que crecen al abrigo de los productos y servicios que el Marketing expande, son una paradoja en sí mismas. Tendrán que responder a las exigencias que ellas mismas plantean sin al menos en principio estar siendo preparada para ello, dados los propios efectos desencadenados por un consumo desenfrenado.Desde edades tempranas, los niños están sometidos a la influencia de estímulos para consumir que ganan agudeza, originalidad y eficacia hasta alcanzar límites que comprometen la moralidad. Ante la televisión no hay que pensar, no hay que actuar, no exige nada y, sin embargo, divierte, entretiene e informa al tiempo que nos hace llegar a un mismo mensaje expresado de mil maneras distintas: consume y sé feliz.Dichos profesionales han de salir de esta misma sociedad cuyos sistemas educativos aumentan en laxitud, donde el clima general abomina del esfuerzo, y en la que las ideas de disciplina, entrega, tesón y empeño parecen haberse borrado del léxico académico y familiar. En otras palabras, las generaciones que crecen al abrigo de los productos y servicios que el Marketing expande, son una paradoja en sí mismas. Tendrán que responder a las exigencias que ellas mismas plantean sin al menos en principio estar siendo preparada para ello, dados los propios efectos desencadenados por un consumo desenfrenado.Desde edades tempranas, los niños están sometidos a la influencia de estímulos para consumir que ganan agudeza, originalidad y eficacia hasta alcanzar límites que comprometen la moralidad. Ante la televisión no hay que pensar, no hay que actuar, no exige nada y, sin embargo, divierte, entretiene e informa al tiempo que nos hace llegar a un mismo mensaje expresado de mil maneras distintas: consume y sé feliz.Desde edades tempranas, los niños están sometidos a la influencia de estímulos para consumir que ganan agudeza, originalidad y eficacia hasta alcanzar límites que comprometen la moralidad. Ante la televisión no hay que pensar, no hay que actuar, no exige nada y, sin embargo, divierte, entretiene e informa al tiempo que nos hace llegar a un mismo mensaje expresado de mil maneras distintas: consume y sé feliz.