Bajé de la cama con el corazón a mil y me acerqué para observarla. Como estaba acostada de lado, la tomé para girarla y la noté algo rígida… La moví, le corrí el pelo y le dije varias veces:...

La vida golpea (a veces demasiado) fuerte
Bajé de la cama con el corazón a mil y me acerqué para observarla. Como estaba acostada de lado, la tomé para girarla y la noté algo rígida… La moví, le corrí el pelo y le dije varias veces: ¡Alejandra, Alejandra!, pero no contestaba, y yo insistía: ¡Alejandra...
Lectores que buscan Memorias.
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Bajé de la cama con el corazón a mil y me acerqué para observarla. Como estaba acostada de lado, la tomé para girarla y la noté algo rígida… La moví, le corrí el pelo y le dije varias veces: ¡Alejandra, Alejandra!, pero no contestaba, y yo insistía: ¡Alejandra!, ¡Alejandra, dime algo, por favor!. La movía y no reaccionaba. Ahí me di cuenta de que mi señora estaba muerta. El daño cerebral de su hija mayor, Javiera, y la repentina partida de su compañera de vida por casi cuatro décadas, todo en menos de un año y medio, transformó por completo la vida del exministro de Minería y de Obras Públicas. Tuvo que aprender a navegar en medio del dolor, la impotencia y la frustración. Y, además, de la soledad, porque la vida no se detiene, sigue su curso y está en uno reinventarse y continuar adelante, o caer en un agujero profundo de angustia y desconsuelo. Hernán de Solminihac optó por lo primero: por vivir sus días con optimismo, a pesar de todo.
De Solminihac Hernán
Ediciones UC
9789561430969
Por confirmar
2023
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144
23 x 15 cm
Biblioseller
7 a 10 días
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