HABLAR DE EDUARDO CUÉLLAR GNECCO y de su familia es recrear épocas mejores, en un Chapinero acogedor y amable, donde el gran caballero y médico y su familia formaban un núcleo excepcional en...

Toda una vida
HABLAR DE EDUARDO CUÉLLAR GNECCO y de su familia es recrear épocas mejores, en un Chapinero acogedor y amable, donde el gran caballero y médico y su familia formaban un núcleo excepcional en Quinta Camacho donde Cuéllar, Stella y su numerosa prole que habitaba...
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HABLAR DE EDUARDO CUÉLLAR GNECCO y de su familia es recrear épocas mejores, en un Chapinero acogedor y amable, donde el gran caballero y médico y su familia formaban un núcleo excepcional en Quinta Camacho donde Cuéllar, Stella y su numerosa prole que habitaban en la calle 71 con 9, cerca de la Clínica de mismo nombre (Calle 71 entre 9 y 11): lugar donde nos brindaban salud y, por ende, tranquilidad y protección. Era Eduardo un gran clínico, de esos están en vía de desaparición y era también médico de familia, especie que se comieron los nubarrones de las EPS. Todos recurrían a el, personalmente, y a su clínica, con frecuencia, para asuntos de salud, desde un machucón con la puerta de un carro hasta un ataque cardiaco y a todos atendía con esmero: nunca dio citas para 5 o 10 semana después ni dejo que se demoraran los exámenes de laboratorio y las radiografías más allá de lo que la tecnología permitía. Mis padres (Calle 70a No 7-37) fueron también beneficiarios comenzando porque en ausencia de la ley 100, mi madre hacia practicar exámenes de ingreso a los candidatos a su servicio doméstico. Visitamos el hogar Cuellar-Cubides varias veces ya como amigos; un cálido y maravilloso lugar donde el padre y los jóvenes formaron una banda de Jazz y otros conjuntos que alegraban el barrio, especialmente en la época navideña y cuando con mi esposa e hijos pasamos a ser sus vecinos. Todo llega y todo pasa y ese panorama desapareció para nunca volver; hoy "chapinerino" es un adjetivo peyorativo que se justifica por la inseguridad, la guacherna y hasta por la horrible "restauración" de la iglesia de Lourdes. Creo que ahora dependemos más de la Divina Providencia, que ha tratado de reemplazar —con poco éxito- a Eduardo. Carlos Lleras de la Fuente
Eduardo Cuéllar Gnecco
Cuellar Editores
9789589665497
Por confirmar
2012
Por confirmar
199
17 x 23 cm
HIPERTEXTO
1 a 4 días
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