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El Bibliotecólogo
CONFIRMAR EXISTENCIA

Tratado de daños a las personas. Daño moral por muerte

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La imperfección para reparar resalta con nitidez cuanta superior gravedad reviste el daño existencial, donde el dinero aparece como instrumento tosco y hasta ridículo, aunque paradójicamente deba acudirse a él, espiritualizando el derecho, con el objeto de rec...

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La imperfección para reparar resalta con nitidez cuanta superior gravedad reviste el daño existencial, donde el dinero aparece como instrumento tosco y hasta ridículo, aunque paradójicamente...

Ideal para

Lectores que buscan Derecho y procedimiento penal.

Lo que destaca

Ficha clara, disponibilidad real y datos bibliográficos en un solo lugar.

La imperfección para reparar resalta con nitidez cuanta superior gravedad reviste el daño existencial, donde el dinero aparece como instrumento tosco y hasta ridículo, aunque paradójicamente deba acudirse a él, espiritualizando el derecho, con el objeto de reconocer menoscabos inmateriales además de los económicos. Esta obra prosigue lineamientos de las anteriores, con el empuje de una preocupación pragmática, a fin de sugerir indemnizaciones equitativas y coherentes ante el problema más insoluble de cualquier persona: la injusta y definitiva desaparición de un ser querido, que malogra y con frecuencia derrumba la vida misma de quienes quedan. Ese drama proyecta sombras nocivas que deben percibir abogados y jueces para reaccionar mediante cuantificaciones resarcitorias adecuadas a cada caso. En un laberinto donde las tragedias se entremezclan con sumas monetarias, sólo es factible avanzar con humildad jurídica. El empeño oscila entre un constante inconformismo y la insaciable avidez por respuestas que no signifiquen espejismos, sino investidas de eficacia siquiera relativa. Pero no hay que desesperar, ya que la justicia es precisamente esperanza, no certeza, donde todos somos discípulos al continuar verdades progresivas que nadie protagoniza a título de dueño. Como el hombre es tiempo, difiere la repercusión por fallecimiento si el consorte atraviesa una plenitud vital o en ocasión donde los años fueron cerrando ventanas. Tampoco puede equipararse la muerte del hermano en etapas iniciales de la familia y cuando la madurez abrió rumbos individuales; en cambio, se advierte de nuevo interdependencia afectiva si el extinto Esta obra prosigue lineamientos de las anteriores, con el empuje de una preocupación pragmática, a fin de sugerir indemnizaciones equitativas y coherentes ante el problema más insoluble de cualquier persona: la injusta y definitiva desaparición de un ser querido, que malogra y con frecuencia derrumba la vida misma de quienes quedan. Ese drama proyecta sombras nocivas que deben percibir abogados y jueces para reaccionar mediante cuantificaciones resarcitorias adecuadas a cada caso. En un laberinto donde las tragedias se entremezclan con sumas monetarias, sólo es factible avanzar con humildad jurídica. El empeño oscila entre un constante inconformismo y la insaciable avidez por respuestas que no signifiquen espejismos, sino investidas de eficacia siquiera relativa. Pero no hay que desesperar, ya que la justicia es precisamente esperanza, no certeza, donde todos somos discípulos al continuar verdades progresivas que nadie protagoniza a título de dueño. Como el hombre es tiempo, difiere la repercusión por fallecimiento si el consorte atraviesa una plenitud vital o en ocasión donde los años fueron cerrando ventanas. Tampoco puede equipararse la muerte del hermano en etapas iniciales de la familia y cuando la madurez abrió rumbos individuales; en cambio, se advierte de nuevo interdependencia afectiva si el extinto El empeño oscila entre un constante inconformismo y la insaciable avidez por respuestas que no signifiquen espejismos, sino investidas de eficacia siquiera relativa. Pero no hay que desesperar, ya que la justicia es precisamente esperanza, no certeza, donde todos somos discípulos al continuar verdades progresivas que nadie protagoniza a título de dueño. Como el hombre es tiempo, difiere la repercusión por fallecimiento si el consorte atraviesa una plenitud vital o en ocasión donde los años fueron cerrando ventanas. Tampoco puede equipararse la muerte del hermano en etapas iniciales de la familia y cuando la madurez abrió rumbos individuales; en cambio, se advierte de nuevo interdependencia afectiva si el extinto Como el hombre es tiempo, difiere la repercusión por fallecimiento si el consorte atraviesa una plenitud vital o en ocasión donde los años fueron cerrando ventanas. Tampoco puede equipararse la muerte del hermano en etapas iniciales de la familia y cuando la madurez abrió rumbos individuales; en cambio, se advierte de nuevo interdependencia afectiva si el extinto