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El Bibliotecólogo
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Viaje de América a Jerusalén

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Viaje de América a Jerusalén de Andrés Posada Arango comienza el 15 de febrero de 168, cuando el autor tenía 29 años. Dejó Medellín una tarde, y la última imagen de la ciudad que abandonaba quedó grabada en su memoria desde arriba, desde las montañas. Ese asce...

Editorial: U. EAFIT Año: 2010
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Viaje de América a Jerusalén de Andrés Posada Arango comienza el 15 de febrero de 168, cuando el autor tenía 29 años. Dejó Medellín una tarde, y la última imagen de la ciudad que abandonaba...

Ideal para

Lectores que buscan Narrativa romántica.

Lo que destaca

Ficha clara, disponibilidad real y datos bibliográficos en un solo lugar.

Viaje de América a Jerusalén de Andrés Posada Arango comienza el 15 de febrero de 168, cuando el autor tenía 29 años. Dejó Medellín una tarde, y la última imagen de la ciudad que abandonaba quedó grabada en su memoria desde arriba, desde las montañas. Ese ascenso representa uno de los sentidos de su viaje: la elevación del espíritu como elección de vida. La melancolía lo invadía como todo viajero que parte: "No sabía si los volvería a ver [...] y de vez en cuando dirigía mis ojos hacia atrás, como la mujer de Lot. Fueron sus palabras en la soledad, mientras en su caballo se dirigía por el camino agreste y verdoso que lo llevaría al río Nare, donde se embarcaría en vapor rumbo a Santa Marta por el río grande de La Magdalena, un camino antes conocido en los libros. En las páginas que cuentan su travesía por esas aguas, visitando los pueblos de las orillas deleitándose en la contemplación de la vegetación y los animales que conforman el fresco de una rica y variada fauna; en las páginas en las que se retrata su llegada a Santa Marta y su visita a la hacienda donde murió Simón Bolívar, para luego embarcarse en el vapor "París" que lo llevaría a Francia visitando varias de las islas de la costa caribeña, africana y europea, como Martinica; en estas páginas se encuentra tal vez lo mejor de su viaje pues la narración conserva la intensidad de quien cuenta con emoción y desinterés lo que su percepción descubre, y esta suma de impresiones moldeadas por sus preferencias, sus alegrías, sus enojos, sus desprecios, sus caprichos y sus intolerancias, son parte del encanto que nos atrae en la escritura.La melancolía lo invadía como todo viajero que parte: "No sabía si los volvería a ver [...] y de vez en cuando dirigía mis ojos hacia atrás, como la mujer de Lot. Fueron sus palabras en la soledad, mientras en su caballo se dirigía por el camino agreste y verdoso que lo llevaría al río Nare, donde se embarcaría en vapor rumbo a Santa Marta por el río grande de La Magdalena, un camino antes conocido en los libros. En las páginas que cuentan su travesía por esas aguas, visitando los pueblos de las orillas deleitándose en la contemplación de la vegetación y los animales que conforman el fresco de una rica y variada fauna; en las páginas en las que se retrata su llegada a Santa Marta y su visita a la hacienda donde murió Simón Bolívar, para luego embarcarse en el vapor "París" que lo llevaría a Francia visitando varias de las islas de la costa caribeña, africana y europea, como Martinica; en estas páginas se encuentra tal vez lo mejor de su viaje pues la narración conserva la intensidad de quien cuenta con emoción y desinterés lo que su percepción descubre, y esta suma de impresiones moldeadas por sus preferencias, sus alegrías, sus enojos, sus desprecios, sus caprichos y sus intolerancias, son parte del encanto que nos atrae en la escritura.En las páginas que cuentan su travesía por esas aguas, visitando los pueblos de las orillas deleitándose en la contemplación de la vegetación y los animales que conforman el fresco de una rica y variada fauna; en las páginas en las que se retrata su llegada a Santa Marta y su visita a la hacienda donde murió Simón Bolívar, para luego embarcarse en el vapor "París" que lo llevaría a Francia visitando varias de las islas de la costa caribeña, africana y europea, como Martinica; en estas páginas se encuentra tal vez lo mejor de su viaje pues la narración conserva la intensidad de quien cuenta con emoción y desinterés lo que su percepción descubre, y esta suma de impresiones moldeadas por sus preferencias, sus alegrías, sus enojos, sus desprecios, sus caprichos y sus intolerancias, son parte del encanto que nos atrae en la escritura.