Desde la perspectiva médica el dolor cumple una función vital como símbolo de alarma. Desde esta misma perspectiva el dolor crónico ha perdido dicha función y se ha convertido en la enfermed...

Vivír con dolor crónico
Desde la perspectiva médica el dolor cumple una función vital como símbolo de alarma. Desde esta misma perspectiva el dolor crónico ha perdido dicha función y se ha convertido en la enfermedad misma, un padecer que irrumpe en la cotidianidad, que trastoca y tr...
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Desde la perspectiva médica el dolor cumple una función vital como símbolo de alarma. Desde esta misma perspectiva el dolor crónico ha perdido dicha función y se ha convertido en la enfermedad misma, un padecer que irrumpe en la cotidianidad, que trastoca y transforma la vida misma, no sólo de la persona afectada sino de su entorno social en general.El dolor recurre o crónico involucra al sufrimiento, pudiendo ser, asimismo, un motor de transformación y creatividad y un lenguaje metafórico de la vida vivida.El dolor se vive como un castigo, una experiencia de estoicismo, una costumbre ritual, un acto de fe, como una posesión y una estrategia de control, una forma de vida y una metáfora de múltiples problemáticas sociales e individuales: la pobreza, el abandono, la soledad, el sufrimiento crónico, la envidia, el odio, la venganza, la vergüenza, el rechazo, el estigma, el maltrato y la violencia. El dolor es reflejo de la frenética vida contemporánea, enmarcada en la desmesura del consumo, del deseo de la eterna juventud y de la salud y la enfermedad como mercancía.El dolor recurre o crónico involucra al sufrimiento, pudiendo ser, asimismo, un motor de transformación y creatividad y un lenguaje metafórico de la vida vivida.El dolor se vive como un castigo, una experiencia de estoicismo, una costumbre ritual, un acto de fe, como una posesión y una estrategia de control, una forma de vida y una metáfora de múltiples problemáticas sociales e individuales: la pobreza, el abandono, la soledad, el sufrimiento crónico, la envidia, el odio, la venganza, la vergüenza, el rechazo, el estigma, el maltrato y la violencia. El dolor es reflejo de la frenética vida contemporánea, enmarcada en la desmesura del consumo, del deseo de la eterna juventud y de la salud y la enfermedad como mercancía.El dolor se vive como un castigo, una experiencia de estoicismo, una costumbre ritual, un acto de fe, como una posesión y una estrategia de control, una forma de vida y una metáfora de múltiples problemáticas sociales e individuales: la pobreza, el abandono, la soledad, el sufrimiento crónico, la envidia, el odio, la venganza, la vergüenza, el rechazo, el estigma, el maltrato y la violencia. El dolor es reflejo de la frenética vida contemporánea, enmarcada en la desmesura del consumo, del deseo de la eterna juventud y de la salud y la enfermedad como mercancía.
Anabella Barragán Solís
Gorla
9789871300143
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2008
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148
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